MAGMI se encuentra en el corazón de la Valldigna, un Valle al sur de la provincia de Valencia pegado al mar Mediterráneo. Esta es una de las zonas más apreciadas y reconocidas en nuestro país por sus condiciones de abundancia de agua, clima, suelo y entorno.
En 1998 nace Salvador Magraner Mifsud, creador de MAGMI. Rodeado de una familia con generaciones y una vida de pasión y dedicación por la agricultura, en 2016 inicia sus estudios en Ingeniería Agroalimentaria y del Medio Natural en la UPV. Durante este tiempo de formación crece su pasión por los cultivos tropicales y se fortalece la filosofía de la agricultura mediante prácticas sostenibles. Tal era el interés en empezar a desarrollar esta idea, que, en 2019 y sin dejar de lado los estudios, realiza la primera explotación de pitahaya. Hoy en día, MAGMI cuenta con más de 50000 m2 de superficie con hasta 9 cultivos exóticos diferentes
Al visitar diversos países y consumir todo tipo de frutas exóticas locales, quedamos fascinados con el sabor, textura y aroma de muchos de ellos. Además, nos dimos cuenta de que la mayoría de estos productos, al exportarse no poseen las mismas características organolépticas. Ello se debe a que se cosechan antes de que alcancen el punto óptimo de maduración para que puedan soportar largos viajes En MAGMI nos propusimos encontrar la forma de poder ofrecer una gran variedad de frutas originarias de diferentes partes del mundo con su verdadero sabor, pero con una huella de CO2 mecho menor. Se trata de que las frutas alcancen el punto óptimo de maduración en el árbol y disminuir el tiempo que pasa desde la recolección hasta el consumo del producto por parte de los clientes, permitiendo obtener un producto gourmet, con un sabor y aroma diferencial.
La mitad de la superficie habitable de la tierra se utiliza para la agricultura, uno de los principales factores del cambio climático y pérdida de biodiversidad. En MAGMI nos esforzamos día tras día para crear un mundo más sostenible mediante la agricultura ecológica. Todos nuestros cultivos son ecológicos y únicamente reciben sustancias y procesos naturales para reducir al máximo el impacto medioambiental y fomentar la biodiversidad. Al consumir productos ecológicos y de proximidad reducimos mucho la huella de carbono, ya que, las distancias para transportarlos, los insumos para obtenerlos, así como los requerimientos de embalajes para que lleguen en buenas condiciones, son mucho menores.